¿Cuál retraso?
En cierta oportunidad llama una señora en horas de la noche a la
guardia de la
Cooperativa Médica ; al solicitarle datos sobre la causa del
llamado por parte de la recepcionista, la señora se niega a aportarlos e
incluso se enoja pues “con tantas preguntas” se está demorando el llamado; se
le explica que ese interrogatorio no es causa de retraso pues simplemente se
realiza para el caso de tener que priorizar si hay más de un llamado; lo cierto
es que la señora no entiende razones y reitera que vayan lo antes posible a su
domicilio. La recepcionista comunica a la guardia el llamado indicándole que
desconoce la causa del mismo, por la negativa expuesta.
Al llegar el médico al domicilio interroga a la paciente sobre el motivo de consulta, respondiendo ahora sí, con algo de “vergüenza”, que no le ha venido la menstruación.
El médico le explica a la señora que tal situación no es una urgencia y que debe consultarlo con su ginecólogo. Procede entonces a dejarle un pase a tal especialista y se despide.
No han pasado ni 5 minutos cuando en un taxi y en camisón aparece la señora enfurecida a la recepción enarbolando la copia de la historia que le fuera escrita y entregada por el médico.
La recepcionista asombrada por la conducta de la paciente, trata de enterarse cuál es el motivo de tal actitud.
Como primera respuesta le arroja la copia por la cara, mientras pregunta casi gritando:
“¿Dónde está ese atrevido? ¡Mire lo que puso, quiero verlo!”
La recepcionista lee el informe y al no encontrar nada raro, dice:
“Pero señora, cálmese, acá no dice nada raro, ¿Qué encontró usted?”
La señora prácticamente le arranca el documento de la mano y señalando una parte de lo escrito, le dice:
“¿Pero usted es ciega? ¿No ve lo que dice aquí?”
Vuelto el papel a las manos de la funcionaria, esta lee:
“Dice que usted tiene un retraso menstrual, que debe consultar un ginecólogo...”
Cambia la actitud de la paciente y retomando el documento, interroga:
“¿Cómo dice usted que dice?”
“Retraso menstrual...”
“¡Ah!, yo había entendido retraso mental...”
Al llegar el médico al domicilio interroga a la paciente sobre el motivo de consulta, respondiendo ahora sí, con algo de “vergüenza”, que no le ha venido la menstruación.
El médico le explica a la señora que tal situación no es una urgencia y que debe consultarlo con su ginecólogo. Procede entonces a dejarle un pase a tal especialista y se despide.
No han pasado ni 5 minutos cuando en un taxi y en camisón aparece la señora enfurecida a la recepción enarbolando la copia de la historia que le fuera escrita y entregada por el médico.
La recepcionista asombrada por la conducta de la paciente, trata de enterarse cuál es el motivo de tal actitud.
Como primera respuesta le arroja la copia por la cara, mientras pregunta casi gritando:
“¿Dónde está ese atrevido? ¡Mire lo que puso, quiero verlo!”
La recepcionista lee el informe y al no encontrar nada raro, dice:
“Pero señora, cálmese, acá no dice nada raro, ¿Qué encontró usted?”
La señora prácticamente le arranca el documento de la mano y señalando una parte de lo escrito, le dice:
“¿Pero usted es ciega? ¿No ve lo que dice aquí?”
Vuelto el papel a las manos de la funcionaria, esta lee:
“Dice que usted tiene un retraso menstrual, que debe consultar un ginecólogo...”
Cambia la actitud de la paciente y retomando el documento, interroga:
“¿Cómo dice usted que dice?”
“Retraso menstrual...”
“¡Ah!, yo había entendido retraso mental...”
Cléber Vilar Segura
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