jueves, 7 de marzo de 2013

EL HOMBRE QUE QUERÍA LEER


El señor Pérez se sentó en un sillón y abrió su libro en la primera página. Nada le gustaba más que estar así tranquilo, leyendo un buen libro de misterios. 
            El detective entro a la habitación y percibió un fuerte olor a pólvora. Entonces lo supo: alguien había disparado un arma. El señor Pérez leyó ese primer párrafo y quiso continuar, pero en ese mismo instante un sonido fuerte y molesto le llegó desde algún lugar de la casa.
 
           - Es imposible leer con tanto ruido -pensó.
 
           Se levantó y entró en el cuarto de sus hijas adolescentes. El sonido fuerte y molesto venía de la radio. El señor Pérez las obligó a apagar la radio, volvió a su asiento y nuevamente abrió el libro.
           El detective entró a la habitación y detectó un fuerte olor a pólvora. Entonces lo  supo: alguien había disparado un arma. Acaba de leer de nuevo el primer párrafo cuando PLUM PLUM PLUM. Más ruidos. Esta vez desde otro lado. Era su hijo de nueve años pateando una pelota contra la pared. Inmediatamente, el señor Pérez se la quitó, le gritó unas cuantas cosas y volvió a su cómodo sillón para leer por tercera vez aquel mismo párrafo.
 
           El detective entró a la habitación... GUA GUA. El bebé lloró. El señor Pérez, que tenía cuatro hijos, fue hasta la cuna del bebé y trató de calmarlo, pero no pudo. Entonces, muy enojado le exigió a su esposa -la señora Pérez- que calmara al niño. Asunto arreglado. Ahora, por fin, podría estar tranquilo.
           Leyó por cuarta vez. El detective entró en la hab... GRR GRR. Un ruido infernal llegó a través de las ventanas. Las cerró, pero el ruido siguió igual de fuerte como si se colara por las rendijas de la casa. Entonces, abrió la puerta y se encontró con que unos buenos señores de la Intendencia agujereaban alegremente la calle para arreglar los pozos justo cuando él quería leer su libro. El señor Pérez, cada vez más enojado, discutió con los hombres, les gritó, los amenazó y el asunto, que atrajo la atención de varios vecinos, casi terminó en una gran pelea. Pero los hombres, creyendo que se trataba de un loco, un maniático, decidieron irse y el señor Pérez pudo volver a su lugar.
 
           Abrió el libro y leyó por quinta vez el primer párrafo. El detective entró a la habitación y percibió un fuerte olor a pólvora. Entonces lo supo: alguien había disparado un arma.
 
           -Ahora sí -pensó sintiendo una extraña felicidad.
 
           Estaba a punto de comenzar a leer el segundo párrafo cuando sonaron unos golpes en la puerta: TOC TOC TOC. Guardó el libro en su bolsillo y miró por la ventana. Eran los de la Policía. Como era de esperar los de la Intendencia había avisado que un lunático no los dejaba cumplir con sus funciones.
 
          El señor Pérez fue trasladado en un patrullero y con ruidosas sirenas fue llevado hasta una celda. Silencio. Ah. Allí en la celda había paz. El señor Pérez estaba más tranquilo ahora. Sabía que muy pronto, cuando todo se aclarara, lo dejarían salir. Se acomodó en un rincón y, sintiéndose casi feliz, sacó su libro. Iba a leer por sexta vez el primer párrafo, cuando un guardia que andaba por el pasillo se le acercó con curiosidad y le habló. El detective entró a la habitación...
 
          -¿Qué está leyendo? – le preguntó el guardia.
 
          - Un libro –contestó fastidiado el señor Pérez mostrándole la tapa azul y roja–. Se llama  El asesino Misterioso.
 
           El guardia miró la tapa y sonrió.
 
           -¡Ah! -dijo-. Ese es el libro en que el asesino es el detective. 
 



El mundo y el hombre Horacio Buscaglia
Este texto me ha llegado en diferentes versiones y por diferentes lectores.
Aparece firmado hasta por García Márquez pero, aunque está muy bien, no me suena para nada que el estilo sea el suyo. Cosas de Internet.
Un científico vivía preocupado con los problemas de este mundo, estaba resuelto a encontrar los medios para resolverlos. Pasaba días y días en su laboratorio en busca de respuestas.
¿Por dónde empezar? 
Cierto día, su hijo de 7 años entró en el laboratorio, el científico nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar. Como su hijo no quiso irse, pensó en algo que pudiera entretenerlo. 
Vio en una revista un mapa del mundo. Con unas tijeras recortó el mapa en cantidad de pedazos y con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciendo: "Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin ayuda de nadie". Calculó que al pequeño le llevaría unos días recomponer el mapa, pero no fue así.
Pasadas unas horas, el niño le dijo: "Papá, ya hice todo, conseguí terminarlo".
Al principio el padre no creyó en el niño. Era imposible que a su edad hubiera conseguido recomponer un mapa que jamás había visto antes.
Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones con la certeza de que vería un mundo irreconocible. Para su sorpresa, el mapa estaba completo y perfecto. Todos los pedazos habían sido colocados en su respectivo lugar.
¿Cómo era posible? ¿Cómo un niño había sido capaz de eso? Hijito, tu no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lo lograste?
Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre. Así que di vuelta los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía cómo era.
Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta la hoja y vi que había arreglado al mundo". 

¿Cuál retraso?
       
           En cierta oportunidad llama una señora en horas de la noche a la guardia de la Cooperativa Médica; al solicitarle datos sobre la causa del llamado por parte de la recepcionista, la señora se niega a aportarlos e incluso se enoja pues “con tantas preguntas” se está demorando el llamado; se le explica que ese interrogatorio no es causa de retraso pues simplemente se realiza para el caso de tener que priorizar si hay más de un llamado; lo cierto es que la señora no entiende razones y reitera que vayan lo antes posible a su domicilio. La recepcionista comunica a la guardia el llamado indicándole que desconoce la causa del mismo, por la negativa expuesta.
         Al llegar el médico al domicilio interroga a la paciente sobre el motivo de consulta, respondiendo ahora sí, con algo de “vergüenza”, que no le ha venido la menstruación.
         El médico le explica a la señora que tal situación no es una urgencia y que debe consultarlo con su ginecólogo. Procede entonces a dejarle un pase a tal especialista y se despide.
         No han pasado ni 5 minutos cuando en un taxi y en camisón aparece la señora enfurecida a la recepción enarbolando la copia de la historia que le fuera escrita y entregada por el médico.
         La recepcionista asombrada por la conducta de la paciente, trata de enterarse cuál es el motivo de tal actitud.
         Como primera respuesta le arroja la copia por la cara, mientras pregunta casi gritando:
         “¿Dónde está ese atrevido? ¡Mire lo que puso, quiero verlo!”
         La recepcionista lee el informe y al no encontrar nada raro, dice:
         “Pero señora, cálmese, acá no dice nada raro, ¿Qué encontró usted?”
         La señora prácticamente le arranca el documento de la mano y señalando una parte de lo escrito, le dice:
        “¿Pero usted es ciega? ¿No ve lo que dice aquí?”
        Vuelto el papel a las manos de la funcionaria, esta lee:
        “Dice que usted tiene un retraso menstrual, que debe consultar un ginecólogo...”
        Cambia la actitud de la paciente y retomando el documento, interroga:
        “¿Cómo dice usted que dice?”
        “Retraso menstrual...”
        “¡Ah!, yo había entendido retraso mental...”

                                                                                                                             Cléber Vilar Segura

viernes, 9 de abril de 2010

TEXTOS PARA COMPARTIR...

El cuento inglés
              En cierta ocasión una familia inglesa pasaba unas vacaciones en Escocia y en uno de sus paseos observaron una casita de campo. De inmediato les pareció cautivadora para su próximo verano. Indagaron quién era el dueño de ella y resultó ser un pastor protestante, al que se dirigieron para pedirle que les mostrara   la         pequeña            casa.
            El propietario les mostró la casa. Tanto por su comodidad como por su situación, fue del agrado de la familia, la cual quedó comprometida para alquilarla en su próximo veraneo.
               De regreso a Londres, repasaron detalle por detalle cada habitación, y de pronto, la esposa recordó no haber visto el W.C. (water closet). Dado lo práctico que son los ingleses, la señora decidió escribirle al pastor preguntando por este servicio, en los siguientes        términos:
               Estimado      pastor:
                                               Soy       de la   familia que hace poco visitó su finca, con el deseo de alquilarla para nuestras próximas vacaciones y, como omitimos enterarnos de un pequeño detalle, quiero solicitarle que nos indique más o menos dónde está el WC.  Finalizó la carta como es de rigor y la envió al pastor.
                Al abrir la carta, el pastor desconoció la abreviatura W.C., pero creyendo que se trataba de una capilla de su región, llamada Wells Chapel, envió una carta contestando en los siguientes términos:
                Estimada     Señora:
                                                    Tengo          el agrado de informarle que el lugar al que usted se refiere queda sólo a 12 Km de la casa, lo cual es molesto, sobre todo si tiene la costumbre de ir con frecuencia. Algunas personas viajan a pie y otras en bus. Hay lugar para cuatrocientas personas cómodamente sentadas y cien de pie. Los asientos están forrados en terciopelo rojo y hay aire acondicionado para evitar sofocaciones. Se recomienda llegar a tiempo para alcanzar lugar. Mi esposa, por no hacerlo así, hace diez años, tuvo que soportar todo el acto de pie, y desde entonces no utiliza ya este servicio. Los niños se sientan juntos y todos cantan a coro. A la entrada se le entrega un papel a cada uno y las personas que no alcanzan a la participación, pueden usar el del compañero de asiento. Pero al salir deben devolverlo para continuar dándole uso durante todo el mes. Todo lo que dejen depositado allí, será para dar de comer a los pobres huérfanos del hospicio. Hay fotógrafos especiales que toman fotografías en todas las poses, las cuales son publicadas en el diario de la ciudad en la página social. De esta manera, el público puede conocer a las altas personalidades en actos tan humanos como éste.
              La señora al leer la carta estuvo a punto de desmayarse, y luego de contarle lo ocurrido a su esposo, consideraron que lo más conveniente era cambiar de lugar de veraneo.
                                                                                                 “Antología del humor” de autores varios 




Ladrón de sábado
Hugo, un ladrón que sólo roba los fines de semana, entra en una casa un sábado por la noche. Ana, la dueña, una treintañera guapa e insomne empedernida, lo descubre in fraganti. Amenazada con la pistola, la mujer le entrega todas las joyas y cosas de valor y le pide que no se acerque a Pauli, su niña de tres años. Sin embargo, la niña lo ve y él la conquista con algunos trucos de magia. Hugo piensa: "¿Por qué irse tan pronto si se está tan bien aquí?"… Podría quedarse todo el fin de semana y gozar plenamente la situación, pues el marido- lo sabe porque los ha espiado- no regresa hasta el domingo en la noche de su viaje de negocios. El ladrón no lo piensa mucho, se pone los pantalones del señor de la casa y le pide a Ana que cocine para él, que saque el vino de la cava y que ponga algo de música para cenar, porque sin música no puede vivir.
Ana, preocupada por Pauli, mientras prepara la cena se le ocurre algo para sacar al tipo de su casa. Pero no puede hacer gran cosa porque Hugo cortó los cables del teléfono, la casa está muy alejada, es de noche y nadie va a llegar. Ana decide poner una pastilla para dormir en la copa de vino de Hugo. Durante la cena, el ladrón, que entre semana es velador de un banco, descubre que Ana es la conductora de su programa favorito de radio, el programa de música popular que oye todas las noches, sin falta. Hugo es su gran admirador y, mientras escuchan al gran Benny cantando ¿Cómo fue?en un casete, hablan sobre música y músicos. Ana se arrepiente de dormirlo pues Hugo se comporta tranquilamente y no tiene intenciones de lastimarla ni violentarla, pero ya es tarde porque el somnífero ya está en la copa y el ladrón la bebe toda muy contento. Sin embargo, ha habido una equivocación y quien ha tomado la copa con la pastilla es ella. Ana se queda dormida en un dos por tres.
A la mañana siguiente, Ana despierta completamente vestida y muy bien tapada con una cobija, en su recámara. En el jardín, Hugo y Pauli juegan, ya que han terminado de hacer el desayuno. Ana se sorprende de lo bien que se llevan. Además, le encanta como cocina ese ladrón que, a fin de cuentas, es bastante atractivo. Ana empieza a sentir una extraña felicidad.
En esos momentos una amiga pasa para invitarla a correr. Hugo se pone nervioso pero Ana inventa que la niña está enferma y la despide de inmediato. Así los tres se quedan juntitos en casa a disfrutar del domingo. Hugo repara las ventanas y el teléfono que descompuso la noche anterior, mientras silba. Ana se entera de que él baila muy bien el danzón, baile que a ella le encanta pero que nunca puede practicar con nadie. Él le propone que bailen una pieza y se acoplan de tal manera que bailan hasta ya entrada la tarde. Pauli los observa, aplaude y, finalmente, se queda dormida. Rendidos, terminan tirados en un sillón de la sala.
Para entonces ya se les fue el santo al cielo, pues es hora de que el marido regrese. Aunque Ana se resiste, Hugo le devuelve casi todo lo que había robado, le da algunos consejos para que no se metan su casa los ladrones y se despide de las dos mujeres con no poca tristeza. Ana lo mira alejarse. Hugo está por desaparecer y ella lo llama a voces. Cuando regresa le dice, mirándolo muy fijo a los ojos, que el próximo fin de semana su esposo va a volver a salir de viaje. El ladrón de sábado se va feliz, bailando por las calles del barrio, mientras anochece.
"Cómo escribir un cuento"
Gabriel García Márquez

¿POR QUÉ GRITA LA GENTE?
                    Un día Meher Baba preguntó a sus mandalíes lo siguiente: ¿Por qué las personas se gritan cuando están enojadas?
                   Los hombres pensaron un momento: «...Porqué perdemos la calma...»-dijo uno- por eso gritamos...
                  Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? preguntó Baba... ¿No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?
                 Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía a Baba...
Finalmente él explicó:
                “…Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho... Para cubrir esa distancia deben gritar para poder escucharse...Mientras más enojados estén más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia...”
                 Luego Baba preguntó: «... ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente... ¿Por qué? Porque sus corazones están muy cerca... La distancia entre ellos es muy pequeña... Baba continuó: «... Cuando se enamoran aún más ¿qué sucede? No hablan, sólo susurran y se acercan más en su amor... Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo... Así es ¡cuán cerca están dos personas cuando se aman!».
Luego Baba dijo: “...Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen... no digan palabras que los distancien más... llegará un día en que la distancia será tanta que no encontrarán más el camino de regreso... “
                                                              Tomado de Revista "Muy interesante"



miércoles, 18 de marzo de 2009

EL ALFABETO

El español se escribe mediante una variante del alfabeto latino con la letra adicional "ñ" y los dígrafos "ch" y "ll", consideradas letras del abecedario desde 1803 (cuarta edición del DRAE), debido a que representan un solo sonido, distinto de las letras que lo componen.
Así, el alfabeto español está formado por 27 letras y 2 dígrafos:
a, b, c, d, e, f, g, h, i, j, k, l, m, n, ñ, o, p, q, r, s, t, u, v, w, x, y, z.
ch,[166] ll[167]
Durante el X Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española (Madrid, 1994), se acordó adoptar el alfabeto latino universal, en el cual ch y ll no son letras independientes, lo que afecta a la alfabetización de las palabras que contengan esas dos letras, que desde entonces deben aparecer ordenadas en el lugar que les corresponde dentro de la c y la l. Sin embargo, de acuerdo con las Academias, esta reforma «afecta únicamente al proceso de ordenación alfabética de las palabras, no a la composición del abecedario, del que los dígrafos ch y ll siguen formando parte».[168]
Además, el español emplea signos gráficos de interrogación y exclamación que no poseen otras lenguas ("¿" y "¡"). Estos signos especiales facilitan la lectura de interrogaciones y exclamaciones largas que oralmente solo se expresan por variaciones de entonación. En otros idiomas ("¿" y "¡") no son necesarios debido a que su sintaxis oral no causa ambigüedad al ser leída, ya que existen inversión de sujeto, auxiliares especiales, locuciones (ejemplo: Is he coming tomorrow?, Vient-il demain? Kommt er morgen? ¿Viene mañana?).
Las vocales constituyen siempre el centro o núcleo de la sílaba, aunque la "i" y la "u" pueden funcionar como semiconsonantes antes de otro núcleo vocálico y como semivocales después. Un núcleo vocálico de sílaba puede sonar más fuerte y alto que los restantes núcleos silábicos de la palabra si lleva el llamado acento de intensidad, que se escribe según unas normas ortográficas con el signo denominado acento ortográfico o tilde para marcar el golpe de voz cuando este no sigue el patrón habitual, o para distinguir palabras que se escriben igual (véase acento diacrítico).
Además, la "u" puede llevar diéresis ("ü") para indicar que se pronuncia en los grupos "güe", "güi". En la poesía, las vocales "i" y "u" pueden llevar también diéresis para romper un diptongo y ajustar convenientemente la métrica de un verso determinado (por ejemplo, "ruido" tiene dos sílabas, pero "ruïdo" tiene tres). El español es una lengua que posee una marcada tendencia antihiática, por lo cual suelen reducirse en el habla relajada los hiatos a diptongos, e incluso reducirse estos a una sola vocal: indoeuropeo > indouropeo > induropeo; ahora > ahura > ara; héroe > herue.